Sumisa desobediencia

Autoridad, conflicto y representación en el México del siglo XIX, o el envés de la trama de Ciudadanos imaginarios

Fernando Escalante Gonzalbo

Asomarse al siglo XIX mexicano muestra casi de inmediato una sociedad lastrada por la inexperiencia de sus políticos, la incertidumbre en todos los órdenes, una marcada desorganización. A burócratas, periodistas y letrados de la época no parecía gustarles el país y se lamentaban de la ignorancia, la apatía y la falta de civismo de sus habitantes: se esperaba que fuesen patriotas, disciplinados, tolerantes, abnegados, responsables, honestos, respetuosos de la ley, de las autoridades y del interés público, pero no eran así. Como Fernando Escalante Gonzalbo muestra en estas páginas, si se mira con más atención uno encuentra gente sensata, razonable, madura, experimentada, que sabía lo que quería y sabía cómo conseguirlo —cómo intentarlo, al menos. En los ensayos reunidos aquí, el autor de Ciudadanos imaginarios se pregunta por pautas, configuraciones, estructuras que permitan una mejor comprensión de esa sociedad a partir de tres grandes temas: autoridad, conflicto y representación. No hubo en ese entonces —ni antes ni después— la autoridad casi despótica, ilimitada, que se ha imaginado: ésta se ejercía con la aplicación arbitraria de la ley para mediar o provocar conflictos por doquier, pero aquello no era del todo un caos: tenía su lógica y su función. Más sutil es la representación, ese mecanismo por el que las personas autorizan a otras a actuar en su nombre, como ocurría, por antonomasia, en el parlamento. Este volumen permite identificar similitudes entre lo que sucede hoy y lo que sucedía en el siglo XIX: las fantasías cívicas o autocráticas, un orden que no cabe del todo dentro de las leyes, la inesperada amalgama de la sumisión y la desobediencia.

Haz clic aquí para ver el índice. Y acá para leer un fragmento.

ISBN 978-607-69260-2-4
216 pp., 13.5 × 21 cm, $240

Los libros, las viñetas o los ensayos de Escalante eliminan preguntas, clichés, lugares comunes o catrinuras académicas, para luego lanzar unas pocas preguntas nuevas sin darles repuestas tajantes o definitivas.
 Mauricio Tenorio-Trillo

Escalante concluye que el impulso de subordinar la política a los imperativos morales del interés general nos ha llevado a verla como “una porquería”, pese a que la labor de los políticos es en realidad tan necesaria como la de cualquier otro de los oficios útiles que nos parecen sucios.
 Claudio Lomnitz